martes, 18 de febrero de 2014

Senderismo Molinos del Benferre 16-02-2014

Pues el pasado domingo, dos Ángeles y un Antonio (servidor), caminamos por el sendero de los molinos del arroyo Benferre, en la sierra Suroeste de Badajoz, zona poco conocida, pero que hemos descubierto abriendo así nuevos horizontes en los ya más que pateados lugares tradicionales de las sierras que rodean la provincia de Sevilla. Cuando llegamos a Jerez de los Caballeros resulta llamativo ver en su perfil tantas torres que sobresalen por encima del caserío, murallas y palmeras que invitan a la visita, aunque en nuestro caso esto no fue posible por los motivos que luego expondré. Iniciamos la ruta en la laguna de la Albuera, que rodeamos en su totalidad por un sendero embarrado al que tendremos que acostumbrarnos desde el principio hasta el final del día. Avistamos las primeras aves que tanto abundan en las tierras extremeñas, garzas, cigüeñas, cormoranes y patos levantaban el vuelo a nuestro paso y tras dar un par de vueltas en el cielo, volvían a posarse en los mismos lugares donde un rato antes habían sido sorprendidas por nuestra presencia. Atravesamos la presa, vemos el primer molino de la ruta y continuamos aguas abajo del arroyo de la Albuera, donde llegaremos a toparnos con otros dos molinos más, en estado de total abandono. Uno servía de cobijo a las vacas, otro el de las Monjas, era un vertedero de basuras que desató nuestra indignación ante tan lamentable espectáculo, ya que resulta incomprensible que todavía existan desaprensivos capaces de hacer semejantes barbaridades. Llegamos a la confluencia del arroyo Albuera con el Benferre y continuamos por el senderillo que bordea su cauce. Tendremos que sortear numerosas cancelas, algunas con puerta y otras habrá que saltarlas por donde mejor se pueda. Nos encontraremos con tres molinos más, uno de ellos estaba habitado, con la colada tendida al sol, porque después de tantos días seguidos lluvia y tiempo desapacible, era el momento de conseguir que todo se secara en el mismo día. El sol radiante y una la temperatura agradable sirvieron para que la jornada resultara perfecta para el senderismo. En el punto en el cual nos encontramos con una carretera y debiéramos haber dado la vuelta para hacer la ruta circular que habíamos preparado, decidimos continuar hasta la desembocadura del arroyo Benferre en el río Ardila. Aquí existe un puente que atravesamos y continuamos por la rivera del Benferre, encontrándonos con un molino más, el último de la serie y que tiene el nombre del arroyo. Desde aquí hasta la desembocadura vamos caminando por los senderillos que el ganado ha marcado entre las hierbas, pero se progresa sin difucultad. Cuando avistamos entre la arboleda el río Ardila, las tapias de un caserío nos impiden progresar, por lo que decidimos cruzar a la otra orilla del arroyo para así llegar a la desembocadura del Benferre. El arroyo estába muy crecido y aunque intentamos cruzarlo saltando, no fue posible pues por dos veces dimos con los pies dentro del agua. Ante tal contratiempo pensamos que lo mejor era volvernos para atrás, no sin antes parar un rato para comer, descalzarnos, escurrir los calcetines y sercanos un poco los pies al calor del sol del medio día. Abandonamos la idea de hacer la ruta circular y decidimos regresar a los coches, no sin haber disfrutado de esta bonita ruta fluvial, que discurre por verdes parajes cubiertos de las primeras flores que se anticipan a una primavera que como la del año pasado prometer ser esplendorosa. Gracias a los dos Ángeles de la guarda que me acompañaron e hicieron de esta jornada un día para recordar. Hasta la próxima. Salu2!. Antonio Franco.